Abrí los ojos tras estar tan ciega

3/9/13

Abrí los ojos tras estar tan ciega.
Hoy esperaba en la parada del autobús mientras contestaba a unos Whatsapps.
Seguía sumergida en mis mensajes cuando alguien me llamó. 
-¿Marina?
Alcé la cabeza y me tropecé con sus ojos. 
-¡Pablo!
Me levanté y me dio dos besos. 
-Te presento a mi novia, Clara. 
Me quede de piedra. 
-Encantada -le dije mientras me daba dos besos. 
Hacía un verano que conocí a Pablo en un campamento. Era dos años mayor que yo. Se quedó en mi corazón que se agrietó cuando vi que no vino este verano al campamento. Ahora entendía por qué... 
-¿Cuánto tiempo sin vernos, no? -me preguntó Pablo.
-Sí -respondí con un hilo de voz. 
Pablo no sabía donde mirar. Miró a su novia y esta le besó.

Disimulé inspeccionando mi smartphone. Me había sentado como una patada en el estomago que se besara con otra delante de mí. Pero que le iba a hacer, era su novia y él no sabía lo que sentía por él. Llegó un autobús se despidieron de mí y entraron. Afortunadamente no era el autobús en el que yo iba a subir para volver a casa.
Al rato, vino el que me llevaría a casa. Sentada en una silla mirando por la ventana por las que corrían pequeñas gotas de lluvia, me invadió una fuerte tristeza por dentro. Pablo tenía novia. Le conocí en un campamento donde voy todos los veranos y hasta este verano él tampoco había dejado de ir. Y sí, este año no ha ido. Me sentó mal. No contestaba a mis Whatsapps que le enviaba de vez en cuando y ahora se había presentado delante de mí como si nada.
Bajé al autobús y me dirigí hacia mi casa. Iba mojándome por el camino pero no me importaba. En nada llegué a casa. Puse la calefacción, dejé mi mochila, me desnudé y entré en la ducha. Mientras el agua caliente que se resbalaba por mi piel fría, me relajé y como si fuera una máquina del tiempo, recordé todos los buenos momentos que había vivido con Pablo. Ahora sí. Ahora si que lloraba. Mis lágrimas saladas se mezclaban con el agua que caía sobre mi piel. Era una tontería llorar por algo así, pero Pablo había sido prácticamente mi mejor amigo desde los 12 años. Él tiene dos más que yo, es cierto, y siempre íbamos en pandilla con Amelia y Nacho. Nos habían fallado Amelia que dio el motivo y Pablo que no lo dio. Nacho y yo pasamos el verano juntos en el campamento y lo pasamos bien. Además Nacho era mi vecino de enfrente.
Salí de la ducha y me vestí lo más rápido posible. Puse una lavadora y empecé a hacer la cena. Entre tanto sonó el timbre. Me sequé las manos y fui a abrir la puerta. Nacho.

-¡Ey! ¿Qué tal? -me saludó mientras entraba en mi casa -¡Qué calentito se está aquí!

-Sí, nada más venir he puesto la calefacción -le dije con una sonrisa -Estaba haciendo la cena. ¿Te vienes?

Nacho asintió y continué pelando fruta.
-¿Te quedas a cenar?

-Vale -dijo tímidamente- ¿Te ayudo? -dijo levantándose.

-Si quieres...

Se puso a pelar fruta conmigo.

-Hoy he visto a Pablo -comencé. Le miré. No parecía importarle -y me ha presentado a su novia, Clara.

Nacho paró y me miró. Con una sola mirada lo entendí todo. Era una manera que teníamos de comunicarnos y sí estábamos completamente de acuerdo.

-Por eso dejó de dar señales de vida y no ha vuelto al campamento -me dijo serio.

-No lo sé.

-Pues no veo ninguna otra razón. Éramos muy buenos amigos, Marina, me lo podía haber contado, no le habría puesto ningún problema. Amelia no vino porque se iba con su novio a Mallorca todo el verano con su familia, y no les dijimos nada malo.

-Tienes razón -asentí.

Ahora si que lo tenía más claro que el agua que salía del grifo de la pila.

-Nacho, tengo que decirte una cosa.

Me miró preocupado.

-No es nada es solo que... -no sabía como empezar- pues que... A mí Pablo me gustaba.

Dejó el cuchillo y la manzana en la mesa y me miró. Me sentía incómoda. No sabía que hacer, a donde mirar...

-Marina... -me dijo- lo siento.

Tras un breve pero incómodo silencio.

-Marina, quiero que sepas que si necesitas mi ayuda siempre la tendrás.

-Siempre has estado ahí Nacho, y yo he estado tan ciega -le dije con los ojos vidriosos.

Hace dos años en el campamento recibí una carta anónima. Una carta de amor. Una carta en la que decía su autor que me quería. Yo, pensé que era Pablo y Amelia al principio no estaba tan segura, pero le convencí. Y ahora me he dado cuenta de que era Nacho y no Pablo.

Le dí un abrazo. Abrí los ojos tras estar tan ciega. Nacho era el que siempre había estado a mi lado. Era el que vivía enfrente de mi casa.

Cuando te metes en la cabeza de que quieres a alguien, no te das cuenta de que a lo mejor hay otra persona que te quiere e intenta desmostrartelo pero tú no te das cuenta.
Nos miramos y Nacho me besó en los labios. Un beso corto, tierno y cálido con una buena dosis de amor. El amor que yo pensaba que Pablo me daría algún día, pero no. Solo ese amor me lo podía dar Nacho. Nadie más.

Y por una vez, en mucho tiempo, abrí los ojos tras estar tan ciega y me di cuenta a quien realmente quería.

Blue Buttefly.

4 comentarios:

  1. ¡Premio!
    http://itssuperfun.blogspot.com.es/2013/09/my-weird-things.html

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  2. Hola, me gustó tu blog, sobretodo el baner. Espero poder darme el tiempo para leer tus demas relatos. Saludos desde Lima-Perú.

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    1. Muchas gracias. Espero que te gusten. :)
      Un neso,
      Blue Butterfly

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