Con estrellas en la palma de mi mano

11/9/13

Sólo hacia una semana que mi abuela había fallecido. Vivíamos en una humilde casa de campo y teníamos una granja de la que, gracias a la leche ordeñada, la lana obtenida..., ganábamos dinero con el que sobrevivir.
A parte de eso, a mi abuela le fascinaba la cocina y juntas hacíamos tartas, pasteles, magdalenas..., que vendíamos a los vecinos. 
Ahora todo eso ya se había acabado. Todas esas risas juntas, esos momentos... Todo se había acabado. Debía de hacerlo sola. 
Te preguntarás, ¿y tus padres? Pues mis padres murieron cuando yo tan sólo tenía un año en un incendio en el bosque mientras cazaban. Se puede decir que mi abuela me ha educado y ha ejercido de padre, madre y abuela. 

Raramente sonó el timbre. Abrí la puerta y detrás de ella esperaba un chico de mi edad o quizás un poco más mayor que yo, con una enorme sonrisa. 

-Hola, me llamo Borja y soy el nuevo vecino de al lado. 
-Yo soy Raquel. Encantada. 

Borja se limitó a sonreírme. Le invité a pasar y cedió. Nos sentamos en el sofá y charlamos un rato. 
No podía dejar de mirar esos ojos castaños, y ese pelo liso castaño que se retiraba de vez en cuando con los dedos de las manos. 
Me explicó que había comprado las tierras y la casa de a lado para montar su propia empresa de cocina. Así tendría más facilidad a la hora de recoger alimentos. 
Me pareció muy bien su idea.

-Es una idea fantástica. A mi abuela le encantaba la cocina.

Borja debió de percibir cierta tristeza en mis palabras. 

-Lo siento. -me dijo. 

Después de un breve pero intenso silencio, pues quería reprimir mis lágrimas, prosiguió.

-Raquel, si quieres me puedes ayudar con la cocina, ya sabes, trabajo en equipo. 

Me pareció una idea estupenda. ¡Más que eso! Empezaba a querer estar más tiempo con él y encima cocinando. Sería maravilloso.
Por otro lado, el venía con sus ideas claras y estaba dispuesto a montar la mini-empresa, pero sólo. Sin la ayuda de nadie. 

-No sé Borja, me sabe mal...
-...pues que no te sepa mal. Te gusta cocinar, ¿no? Y de alguna manera tenemos que sobrevivir y si los dos teníamos la misma idea, ¿qué mejor que trabajar juntos?

Sonreí. Sus brazos rodeó mis hombros ligeramente hacia él. Puse mi cabeza sobre sus hombros y me abrazó. No sé si era una manera de darme la bienvenida al trabajo, si era una manera de animarme por lo de mi abuela... No lo sé. 

Quedamos al día siguiente en su nueva casa. 
Aquella tarde saqué todas las recetas que habíamos inventado mi abuela y yo. Esta vez no pude evitar que unas lágrimas amargas cargadas de nostalgia resbalaran por mis mejillas. 

Me dí una ducha caliente que contrataba con el frío de la tarde. Al terminar me puse el pijama de invierno y un batín, mis patucos, una bufanda y mi cámara de fotos. 
Salí a fuera. La granja se situaba en una zona despejada y alta apartada de la ciudad. Sólo se oían el canto de los pájaros, el chapoteo de la lluvia cuando llueve. Ni ruido de coches ni sirenas. Al ser una zona despejada y alta se podía ver perfectamente el mar. El atardecer, el amanecer junto al mar brillando y contrastando con el color del cielo, hacía un paisaje precioso y era inevitable no sacar algunas fotos. 

Al día siguiente, me encontraba en casa de Borja. Era mucho más amplia que la mía y quizás más moderna. 
Nos estábamos un café con leche cuando le mostré las recetas de mi abuela y mías. 

-Son maravillosas, tienen una pinta estupenda -comentó echándoles un vistazo. 

Me estaba secando las lágrimas con el puño de mi jersey cuando se levantó y se arrodilló a mi lado. 
Me apartó el pelo y me dio un beso en la mejilla. 
Le miré. Me estaba sonriendo. Me acarició el pelo cuidadosamente. 

-No pasa nada. Es que soy una llorona.

Se levantó, me cogió de las manos y me levantó y me abrazó. Me abrazó fuerte y me dio unos besos en la mejilla. 
Aún abrazados le di un beso en la mejilla. 

-¿Quieres oír una buena noticia?

Le miré y me apartó un mechón de pelo de la cara.

-Hace unos días, antes de venir aquí, bajé al pueblo y dejé un cartel en el tablón de anuncios anunciando mi mini-empresa. Y ya tengo un pedido: trtase tres chocolates. 

-¡Que bien! 

-¿Te apetece hacerla ahora? Hay que entregarla mañana. 

Asentí y me dio un beso en la frente. 

Fuimos a la cocina y me puse un delantal.
Empezamos por la base. Mientras machacaba galletas, Borja puso mantequilla en el microondas. Pusimos el polvo de galleta y la mantequilla en un recipiente y lo mezclamos. 
Mientras yo ponía azúcar, nata, leche, chocolate y cuajada en un cazo, con sus medidas, Borja hacia la base de la galleta echando la mezcla del polvo de galleta y la mantequilla en un recipiente y aplastandola para que quedara bien resistente. 
Puso el cazo al fuego y mientras removía el cotenido con una cuchara, Borja se lavó las manos. 
Sin yo esperarmelo me rodeó la cintura con sus brazos y me estemecí. Me dio un beso en la mejilla y se fue preparar la segunda capa de chocolate. 
Al cabo de un rato, la primera capa estaba lista. Retiré el cazo y esperé a que se enfriara un poco. 

-¿Cómo vas? -me preguntó. 
-Bien. Se tiene que enfriar un poco. 
-A nuestro cliente le va a encantar. 

Eché el cazo al recipiente cuidadosamente y con una cuchara esparcí el chocolate por toda la masa de galleta. Fui a lavar la cuchara y el cazo, y en ese rato Borja ya tenía segunda capa hecha. 
Cuando acabé de fregar el cazo y la cuchara, él seguía esperando a que se enfriara un poco la capa de chocolate blanco. 
Me miró sonriendo.
-¿Qué? -le dije. 
-Creo que ya sé cuál es mi chocolate favorito. 

Empecé a preparar la última capa, la de chocolate con leche mientras él volcaba el cazo encima de la capa de chocolate negro. 

-¿Ah sí? ¿Y cuál es? -le dije mientras removía la mezcla con una cuchara.
-El blanco -me dijo con picardía

Cuando el cazo se enfrió lo eché encima de la segunda capa. Ya estaba lista la tarta. 
Esperamos a que se enfriara un poco para meterla en la nevera. 
Mientras esperábamos Borja y yo estuvimos charlando.

-Pues yo cuando les dije a mis padres que quería ser cocinero y montar mi propio restaurante o empresa de cocina, me echaron de casa. 
-¿Porqué? -le dije extrañada. 
-Porque desde hace mucho tiempo, mi familia se dedica a la informática. Y a mí la informática no me gusta, me gusta la cocina. Y, bueno, a ellos no les pareció bien y me echaron de casa. 

Noté cómo sus ojos se humedecían. Me acerqué y le di un tierno beso en mejilla y le abracé. 
Me daba mucha pena. Él me había dado cariño sin ni siquiera conocerme mucho y ahora él era el que necesitaba ese cariño. 

-Pero bueno, no pasa nada. -me dijo más alegre -¿Ponemos la tarta en la cocina?

Y eso hicimos. La pusimos en la nevera y hasta mañana no saldría de allí. Fuimos a dar un paseo. El atardecer era precioso. El cielo estaba pintado de colores naranjas y el mar brillaba como diamantes. 
Borja me cogió las manos y me abrazó. 
Me rodeó con sus manos la cintura y yo le rodeé con los míos su cuello. 
-¿Sabes qué? -me susurró -Que si por cada vez que me haces sonreír, que me haces feliz y que me haces recordar que valgo para algo, tuviera que coger una estrella, la noche sería negra por que yo tendría todas las estrellas en la palma de mi mano. 

Le sonreí. Era tan tierno, tan romántico y cariñoso. 
Nuestras narices rozaron. Y se acercó lentamente a mí y me dio un beso dulce como la tarta de tres chocolates que habíamos cocinado. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Hola!
Estoy encantada de que quieras dejar un comentario. ¡Muchas gracias! El blog mejorará gracias a ti.
Pero recuerda que los SPAM y los SPOILERS no están permitidos, así como la falta de respeto hacia mí o a otro usuario que comente.
Gracias.
Blue Butterfly