La hoja de color canela del otoño.

22/9/13

La hoja de color canela del otoño.

Un tarde cualquiera de otoño, en las calles del pueblo...

Un viento frío soplaba el pelo de Julia, que paseaba a su cocker al que había llamado Amber. Julia caminaba tranquilamente bajo la luz del sol que alumbraba el cielo. Julia estaba triste, había sido de cumpleaños dos días atrás y nadie le había felicitado, sólo Amber le dio unos lametones en la mejilla. Ni siquiera sus padres. No tenía ninguna relación con ellos. Estaban divorciados. Su padre se había ido con otra mujer a otro país en el que vivían y tenían dos hijos. Nunca llamaba a casa, no se preocupaba por su hija, ni nada. Su madre se pasaba el día trabajando, pero cuando libraba o estaba de vacaciones, jamás se preocupó por los estudios, la salud o el estado de su hija. Siempre tenía la escusa de que estaba cansada. Y para que Julia no se quejara de que no tenía compañía, le trajo a Amber. 

Julia se paró delante de un bar. Le apetecía un té. El problema era Amber. No podía entrar con él al bar, y hacía fresco fuera. 
Había una señora limpiando junto a la puerta y decidió preguntar. 

-Disculpe, ¿podría entrar con mi perro? Está adiestrado y no muerde. 

La señora echó un vistazo a Amber. 

-Está bien, señorita, pero si algún cliente se siente molesto, tendrá que salir. 

Julia y Amber entraron contentos al bar, y Julia se pidió un té verde bien caliente. 

En ese mismo instante, en las puertas de la pista de tenis...

Daniel acababa de ducharse tras un largo e intenso partido de tenis, pero había conseguido su objetivo, la final. Con el trofeo en sus manos y el raquetero colgando en su espalda, se dirigió al bar de sus padres. Allí le esperaban sus padres y su primo para celebrar su victoria, esa que tanto le había costado. Le gustaría andar más deprisa pero le dolía la rodilla. Tenía tendinitis, y aunque llevaba una venda y varios masajes, el dolor no se iba. 

Llegó a la puerta del bar. Respiró hondo y entró. 

Su padre que estaba detrás de la barra sonrió al ver a su hijo. 

-Pepa, el niño ya ha llegado. 

La madre de Daniel salió de la cocina y inmediatamente abrazó a su hijo. Fran se levantó a felicitarle. Mientras sus padres seguían trabajando, se sentó a hablar con Fran y le explicó cómo le fue el partido.  Daniel se dio cuenta de que había una chica sentada en la mesa de al lado, a la que le sonaba de haberla visto en el instituto. 
Esa chica empezó a sollozar. 

Unos minutos después, en la mesa del a lado...

Julia le dio un pequeño sorbo al té. Estaba riquísimo. Amber dormía bajo la silla de Julia. 
Julia se tapaba los ojos con las mangas de su jersey. Estaba triste. Tenía un padre que no conocía, una madre que no se preocupa por ella, y no tenía amigas. Sólo tenía a Amber. Muchas vers pensaba cómo sería su vida después de la muerta de Amber. Acabtía con ella. Su única compañía sin alma destrozaría su vida. 

"Qué tonta soy" piensa mientras se refregaba los ojos. 
Apoyó la barbilla sobre sus manos, apoyadas en la mesa con sus codos. 
Mirando hacia a ninguna parte, se dio cuenta de que sólo habían dos chicos más en el bar, y a uno de ellos, le sonaba de haberlo visto antes. También había un cartel en la pared que ponía <Se busca cocinera>. 

Aquello le sacó una sonrisa. A Julia le encantaba cocinar, especialmente pasteles, magdalenas, tartas..., repostería. 
Aunque la contrataran, por que pensó en preguntarlo, ¿dónde dejaría a Amber? Sólo no, desde luego. 

-¿Estás bien, cielo? 

Alzó la vista y se encontró con los ojos de señora de antes. 

-Sí, sólo estaba mirando el cartel...

-¡Ah! ¿Y estás interesada? -dijo la señora con una amable sonrisa. 

-Pues sí, no le voy a mentir. Pero no quiero dejar a mi perro solo. 

-Es cierto, los perros no pueden estar en la cocina. Pero si te lo piensas mejor, no dudes en volver. 

La señora se retiró de nuevo a la barra. 

En ese momento, en ese mismo bar...

Hacía un rato que Fran se había marchado. Daniel disimulaba con su smartphone. Le da pena la chica de al lado. Su madre había intercambiado algunas palabras con ella que el no había logrado oír. Decidió hablar con ella. Se levantó y se dirigió a la mesa. 

-Hola -dijo mirando a la chica, que estaba cabizbaja. 

-Hola -dijo la chica alzando tímidamente la vista. 

-¿Me puedo sentar?

-Sí -dijo con un hilo de voz. 

Daniel se sentó en silencio en frente de la chica. 
 Notó que algo le acariciaba la pierna. Miró debajo la mesa y se encontró con un cocker. El cocker puso las patas sobre su pierna, mientras movía el rabo. 

-¡Uy! ¡Hola! -dijo mientras le acariciaba. 

La chica sonrió. 

-¿Es tuyo? -preguntó Daniel mirando a la chica de nuevo. 

-Sí, se llama Amber. 

Amber bajó sus patas y las puso en la pierna de Julia. Julia le acarició la cabeza suavemente. 

-¿Está bien? -preguntó Daniel. 

Julia le miró sin dejar de acariciar a Amber. 

-Sí. 

-¿Cómo te llamas? -dijo Daniel sonriendo. 

-Julia -dijo tímidamente -¿y tú?

-Daniel. 

Julia le dio un sorbo a su té. 

-¿Vamos al mismo instituto, verdad?

-Sí, creo que sí. 

Daniel sonrió. 

-Mis padres son los dueños de este bar. Y la señora que ha hablado antes contigo, es mi madre. 

-¿Ah sí? Qué bien. 

Julia se levantó. 

-Me parece que me voy a ir a casa. 

-¿Quieres que te acompañe? -dijo levantándose también. 

-Bueno...

Julia se colgó el bolso y cogió a Amber con la correa. Salieron los dos a la calle. Julia se dio cuenta de que Daniel cojeaba. 

-¿Qué te ha pasado?

-Nada, es sólo que tengo tendinitis en la rodilla y me molesta un poco. 

Caminaron a un ritmo suave hacia la casa de Julia. Al llegar allí, Daniel le dio su número a Julia por sí necesitara algo. 

En la habitación de Julia...

Había sido una tarde muy rara. Había conocido a un chico simpático que la había acompañado a casa y había dado su número, en un bar al que no había entrado nunca. 

Era todo muy extraño, pero por alguna razón Julia pensaba que aquello solo era el comienzo. 

Unos minutos después, dos calles más allá...

Daniel acababa de ponerse el pijama y ya estaba tumbado en la cama. Había cenado un poco, y aunque era pronto, decidió irse a dormir. Estaba cansado, agotado y además la rodilla le molestaba bastante más que al finalizar el partido. Estaba más hinchada que antes. 
Sólo el recuerdo de Julia conseguía sacarle una sonrisa. Aunque había sido una conversación extraña y un encuentro inoportuno, por alguna razón Daniel pensaba que aquello solo era el comienzo. 

Al día siguiente, en casa de Julia...

Julia se estaba duchando. A veces se duchaba por la mañana para despejarae mejor. Le había dejado el desayuno preparado a Amber y este se lo estaba comiendo a su ritmo. 
Julia salió del baño enrollada con la toalla y con un moño en el pelo, que también se lo había lavado. Se terminó de secar y se puso la ropa interior. Se puso una camiseta de manga larga, un jersey gris y unos vaqueros. Se calzó con calcetines y unas botas con cordones.  Cogió a Amber y ambos salieron de la casa. Su madre le había dejado una nota en la nevera que decía que se había ido a trabajar. 

Entraron en el bar, que estaba vacío. Pidió un chocolate caliente y dos cruasanes. La señora le trajo lo pedido rápidamente y ella la pagó. Daniel salió de la cocina. 

-Buenos días -le saludó animadamente. 

-Buenas -dijo Julia tímidamente. 

Se quedaron en silencio unos segundos. 

-¿Te gusta cocinar?

-Sí, la verdad es que sí. 

-¿Y por qué no te animas y cocinas aquí? Necesitamos a alguien. 

-Pues me encantaría pero, a parte de los estudios, no temdeía donde dejar a Amber. 

-Ah -dijo Daniel decepcionado. 

Una semana después...

Había pasado tantas cosas aquella semana. La tía de Julia había fallecido en un accidente de tráfico, y como era madre soltera, Candela, la prima de Julia, se había mudado a vivir a casa de Julia. Julia y ella se llevaban muy bien, tenían cosas en común, iban al mismo instituto y eran como dos hermanas. Julia estaba encantada con que Candela fuera a vivir con ella y con Amber. 

Julia necesitaba un trabajo para desconectar un poco ya que no tenía ni una actividad extraescolar. Se acordó del puesto de cocinera en el bar de Daniel y ahora esta allí trabajando. Candela se encargaba de Amber mientras Julia no estaba, y la verdad es que Candela estaba encantada de cuidar a Amber. Ahora más que nunca entendía porque la relación de Julia y Amber era tan cercana. 

Daniel se encontraba en Londres en un torneo de tenis. Julia no había sabido nada de él desde que se marchó.

Un día, en el bar...

Julia no había dormido aquella noche, y Daniel tampoco. Habían hablado por whatsapp durante toda la noche y se habían confesado cuanto se echaban de menos. 

Julia le estaba preparando una sorpresa de Daniel. Había cocinado una tarta de tres chocolates, había  hecho una masa de cookies y había escrito DANIEL, con ellas. 

Daniel volvió aquella noche al bar, y con la ayuda de familia y amigos, le habían preparado una fiesta sorpresa por quedar finalista en el torneo.  

En la fiesta sorpresa...

-¡SORPRESA! -gritaron todos a la vez cuando Daniel cruzó la puerta del bar. 

Su familia y algunos amigos del intituto estaban allí para felicitarle por su puesto en la final del torneo de Inglaterra, que aunque no había ganado, había hecho un gran partido. 

Julia pasaba un trapo húmedo por la barra. Temía bien claro que ella solo era una empleada que había cumplido con su trabajo. Le hubiera gustado ser algommás que una empleada, pero tenía en cuenta de que sólo se conocían desde hace una semana y no había nada entre ellos, por mucho que ella quisiera. 

Mientras Daniel se abrazaba y agradecía a la gente que había ido a felicitarle, julia entró a la cocina para hacer unas galletas para el día siguiente. 

Sacó loa ingredientes. Fundió el chocolate junto a la mantequilla en el microondas y cuando empezó a echar la harina en el bol... Unas manos rodearon su cintura lentamente. Julia soltó un chillido del susto. Las manos la tiraron hacia atrás y su cuerpo se junto con otro. Daniel le dio un tierno beso en la mejilla para calmarla. Se había alterado mucho del susto. 

-¿Estás bien? -le dijo mientras julia se daba la vuelta y despegó de él, pero Daniel le cogió las manos para no perderla del todo. 

-Eres idiota -dijo Julia jadeando. 

Daniel sonrió. Estaba más guapa de lo que creía. Se había recogido el pelo con una trenza que le llegaba hasta la mitad de la espalda, y el no llevar el pelo suelto hacían que sus ojos marrones resaltaran, contrastando con su piel blanca. Daniel condujo las manos de Julia hacia su cuello mientras él se acercaba a ella. 
Julia parecía más relajada. Daniel la rodeó por la cintura y la besó. Al principio Julia se mostraba un poco distante pero al final cedió. 

Unos días después, en casa de Daniel...

Ahora sí. Daniel estaba de baja. La rodilla había resistido al torneo de Inglaterra pero ya no más. Llevaba la rodilla vendada y se tenía que desplazar en muletas. La pareja estaba en el sofá, viendo una de esas pelis que ponen una tarde cualquiera. Daniel estaba sentado con las piernas en alto y Julia estaba abrazada a él y su cabeza descansaba encima de su pecho. Sin quererlo, Julia se durmió. Entre que la película era aburrida y estaba cansada del trabajo, Morfeo decidió dormirla. 

Daniel la miró. Estaba preciosa cuando dormía, cuando hablaba, cuando caminaba..., siempre. Muchas chicas solo lo quería porque jugana muy bien a tenis y era guapo, pero eso a él no le gustaba.Necesitaba a alguien que le quisiera por su manera de ser, no por quien era. Y esa persona estaba dormida a su lado. 

Julia había sido la hoja de color canela para Daniel. Una hoja, que aunque era la más fea porque era marrón y las demás naranjas, era diferente. 

Blue Butterfly. 

2 comentarios:

  1. Hola :)
    Tienes un premio en mi blog, pásate:
    http://territorioimaginacion.blogspot.com.es/
    Muchos besos!!

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    1. Muchas gracias.
      Enseguida lo hago. :)
      Un beso,
      Blue Butterfly

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