Un beso de lluvia

8/9/13

Estaba en la residencia de la universidad. Viviría allí durante el curso que tan sólo acababa de empezar.
Mi habitación era la trece. Los chicos y las chicas estábamos separados en dos bloques diferentes. Estaba en el salón de la residencia de chicas cuando recibí un Whatsapp. 

Gabriel 20:04: ¿Mañana quedamos para comer?

Pues sí, aunque mensaje solo dijera una simple y ordinaria pregunta a mí me sacaba una sonrisa. Era lo que me pasaba cada vez que Gabriel me enviaba un mensaje. 
Le respondí un escueto "Ok" y me di cuenta de que la noche de diciembre ya había caído sobre la residencia. Subí a mi cuarto y me puse mi pijama. 
No podía dejar de pensar en él. Teníamos la misma edad, es decir, que también era su primer año de universidad. Desde el primer día que me lo crucé por el pasillo, sus ojos azul cielo y su sonrisa me hipnotizaron. 
Coincidimos en la biblioteca bastantes veces y él siempre se había acercado a mí. Nos hicimos amigos, pero a mí me guataría llegar un poco más lejos...
Me aseguré de que había cerrado la puerta con llave y que tenía puesto el despertador a las 8:00. Mañana sería sábado y como la Navidad está apunto de llegar, un grupo de universitarios ha montado una fiesta y ha invitado a todo el mundo. 
A mí no me apetece ir, no soy fiestas.     

Al día siguiente me dirigí sobre la 13:00 hacia el comedor. Hacía frío y parecía que en cualquier momento fuera a llover. 
Gabriel me esperaba en la mesa donde solíamos desayunar normalmente.

-Buenos días -me dijo al sentarme.
-Buenos días. 
-¿Vienes a la fiesta?

Antes de que pudiera de decirle que no, aparecieron las típicas divas populares de la universidad que al parecer habían oído la pregunta. 

-¿Ésta? ¿A la fiesta? Seguro qué no tiene ni unos pobres pantalones para salir de fiesta. -dijo Marta que era la líder. 
Las otras dos divas le rieron la gracia. 
Les ignoré mientras me tomaba el desayuno. Al ver que no contestaba prosiguió. 

-Gabriel, amor -le dijo Marta dirigiéndose a él -si necesitas una pareja de baile ya sabes a quien llamar. -se volvió hacia a mí y mirándome de arriba a abajo me dijo - Mejor que con esta que le falta glamour y le sobran libros. 

Aquello me sentó fatal. No le contesté. Primero me sentó mal que le invitara a Gabriel a ir con ella a la maldita fiesta y encima que me tirara por tierra delante de él. 

Se dieron media vuelta y se marcharon. Me di cuenta de que esperaba una respuesta. 
-No lo sé, no me gustan las fiestas. 
-¡Bah! No me digas que es por lo que te han dicho las tías estas. 
-No es por eso. No me gusta ni el ruido ni el ambiente de las discotecas ni botellones. 
Me levanté.
-Vamos que no vas. -me dijo algo malhumorado. 
-Si voy, ya me verás. 

Y me marché. Se hicieron las 21:30 de la noche y ya se oía la música del botellón. Me dio un arrebato. Me puse una camiseta blanca de manga larga, unos leggings negros, un jersey de lana largo azul clarito, unos calcetines de lana y unas botas con cordones, un abrigo de lana gris con botones, un gorro a juego y una bufanda negra de lana y cogí mi bolso. 

Musica, alcohol, tabaco, sudor.  Ese era el ambiente que se respiraba allí. Con la mirada localicé a Gabriel. Allí estaba bailando con Marta. Gabriel estaba de espaldas a mí, por lo tanto no me veía, pero Marta sí me vio. Llevaba un vestido cortísimo y escotado. 
Sin ni siquiera yo esperármelo, se acercó a Gabriel y rápidamente le plantó un pico en los labios al cual Gabriel no le respondió. Se apartó bruscamente y se giró...

Aquel momento pasó en cámara lenta. Podía sentir a la perfección como un torrente de lágrimas querían desbordarse por mis blancas mejillas. Y así fue, fueron cayendo una a una y en ese momento Gabriel se giró y me vio allí. 

Decidí darme media vuelta y volver a mi cuarto del que no habría salido sino fuera por él.
Mis lágrimas reflejaban rabia, tristeza, agobio... El ambiente del botellón, el pico de Marta y el miedo a confesar a Gabriel que le quería se mezcló en mis lágrimas saladas. 
Caminé rápidamente hacia mi cuarto limpiándome las lágrimas con el puño del abrigo. El frío de la noche chocaba contra mi cara. Empezaron a caer gotas de lluvia cada vez más y más. 
De repente sentí que una mano me cogía la mano izquierda y me tiraba suavemente por lo que me vi obligada a girarme. 
Era él. Sí. Gabriel. Nuestras caras estaban muy cerca y nuestros cuerpos pegados. Agaché la cabeza e intenté despegarme pero el no me dejó. La lluvia seguía cayendo cada vez más. No podía separarme de él. Estábamos abrazados, él sujetando la mano que me había cogido y rodeándome con la otra mi cintura y yo tenía mi manos en su pecho. 
Me apartó el pelo de la cara, se acercó a mí cuidadosamente buscando mis labios y me besó. 
Un beso tierno y dulce como él. Mi frías manos rodearon su cuello. 
Un beso cálido que contrastaba con el frío de la noche y de las gotas de lluvia que no dejaban de caer. Me rodeó fuertemente la cintura con ambas manos.  
Un beso intenso y largo. 
Un momento que no quería que acabar nunca. 
Un beso de lluvia. 
Nuestros labios se separaron. Sus ojos azules me miraron. A pesar de que el cielo estaba gris podía ver perfectamente como brillaban.
Me dio otro beso. Esta vez más corto pero tierno. 
Miró al cielo y le imité. Las gotas de lluvia caían sin parar, se oía como chapoteaba en el suelo. 
Nos fundimos en un abrazo. Me besó la frente. Y me susurró: <Te quiero>.

    

2 comentarios:

  1. Muy , pero que muy buena historia.Nos vemos.

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    1. Muchas gracias. El apoyo y la opinión de los lectores son fundamentales para mí.
      Gracias.
      Un beso,
      BLue Butterfly

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