El Arte de Insomnio

30/1/15

El Arte de Insomnio


Os traigo un relato (he de admitir que no quedé muy convencida con el final, pero ando vacía de inspiración últimamente) que escribí para participar en un concurso de 
Las vigilantes de sueños en el que el tema era sobre la Navidad y se tenía que inspirar en unas fotos, de las que yo elegí esta:


No tuve suerte y no gané, y la verdad es que no me extraña porque había muy buena competencia, y la verdad es que tengo muchas ganas de leer los relatos ganadores porque seguro que están geniales, así que ¡enhorabuena a las ganadoras! Además las administradoras se han portado muy bien con todos los participantes y nos tienen una sorpresilla preparada que no os puedo contar (jiji), así que debo dar las gracias por tratarnos tan bien a todos :) ¡gracias! 
Aquí os dejo el relato, espero que os guste. :)

El Arte de Insomnio

Supongo que una de las ventajas del insomnio es que se viven cosas que jamás vivirías en un día normal y corriente. Mis días no eran ni normales ni corrientes, ni tampoco mi vida, ni siquiera yo. Y esa era la conclusión que obtenía cada vez que me sentaba en el tejado de mi casa con un cuaderno sobre mis rodillas, aunque debería de decir el cuaderno. Al cuaderno lo llamaba Insomnio, aunque eso nadie podía saberlo porque 1) no había lo había escrito en sus tapas y 2) nadie conocía su existencia salvo yo. Insomnio era un secreto, mi secreto, y nadie sabía que escribía dentro, ni siquiera cuándo, porqué y dónde.

El caso es que vuelvo a estar aquí sintiendo como el frío araña mis huesos y enfría mi pelo, pero no me importa. Desde donde estoy, puedo ver como las ramas de los árboles, desnudas por el invierno, cubren como si de una hiedra se tratara, el sólido azul del cielo, alumbrado por la Luna, que hoy estaba llena, y algunos diamantes diminutos que relucían a lo lejos. Era el mismo paisaje de siempre, la misma Luna de siempre, pero por alguna razón nunca dejaba de impresionarme. Supongo que era porque aquel paisaje era la razón por la que aún no había vendido mi alma al cielo, a pesar de haberlo intentado.

Junto con Insomnio siempre subo con mi bolígrafo, al que lo bauticé como Arte, porque aunque no me considero artista, siempre he considerado que todo el que escribe de su puño y letra es artista, porque ahora hay tanta tecnología, tantos avances que están perdiendo costumbres que jamás deberían de desparecer, como el de escribir a mano.
Escribo la fecha “100+” en la esquina derecha de una hoja en blanco. No me puedo creer que hayan pasado cien días. Cien días desde que me siento sobre éstas tejas a contemplar el cielo, cien días desde que conocí a mis dos mejores amigos: Insomnio y Arte, cien días desde que decidí rebanarme la piel sólo aumentaría mis ganas de acabar con mi vida. Y ahora la piel se ha ido cosiendo y se han quedado en cicatrices.

Querido Insomnio y querido Arte:

Ya hemos llegado a las cien. A las cien noches juntos, aunque nunca he necesitado que pasara ni una hora para descubrir que éramos inseparables.

Porque Insomnio, si algún día te quedas sin hojas, y porque Arte, si algún día te quedas sin tinta, jamás os abandonaré porque nunca sería capaz de abandonar al aire de mis pulmones y a los latidos de mi corazón. Porque nada nos ha impedido subir al tejado, ni la tormenta ni el amanecer, ni el frío ni el calor, y decidme vosotros si estamos atados o no, ligados a sobrevivir juntos, porque  qué seríamos nosotros si alguno faltara. Somos imprescindibles para supervivencia del uno y del otro. Y creedme, no es fácil llegar hasta aquí. No es fácil estar cien días sin oler como la sangre se escurre por tu piel, no es fácil vivir sin tan siquiera la compañía de tu sombra, que hasta ella me abandonó porque tenía miedo a que le hicieran daño.

Y por si fuera poco, ¿sabéis que día es hoy? 25 de diciembre. Es Navidad. Y éste es el mejor regalo de Navidad que jamás recibiré. Y eso que yo nunca he creído en la Navidad, ni en los milagros, ni en las casualidades, pero sí en el destino, y parece que el destino ha querido que crea en la Navidad, en la felicidad.

Gracias Insomnio.

Gracias Arte.

Mañana nos vemos.

{Luna}



Cierro a Insomnio y le pongo el sombrero a Arte para que no se seque, no sin una lágrima resbalándome por la mejilla, pero esta vez no es de rabia ni tristeza, sino de felicidad y fuerza. Me siento fuerte. Los agarro con fuerza para que no caigan y me levanto. Me despido de la Luna y del cielo, cuando una estrella fugaz pasa rápidamente y desparece como si guiñándome un ojo. Cierro los ojos y pido un deseo rápidamente, y no sé porqué lo hago porque nunca he creído ni en los milagros, los sueños o los deseos.

Abro la trampilla y bajo por las escaleras y las pliego dando un suave golpe. Estaba directamente conectado con mi cuarto así que tenía un acceso fácil al tejado, y me sentía muy afortunada de tener una habitación como esa.

Guardo a Insomnio y a Arte en mi escondite secreto mientras les doy las buenas noches en silencio. Hago lo mismo de siempre y cuando me dispongo a tumbarme en mi cama, veo que hay sobre sin remitente encima de ella.

Extrañada lo abro y leo un papel que hay en su interior.


Querida Luna:

Aunque yo tampoco me considero artista, te escribo de mi puño y letra para felicitarte por tus cien días. Debería felicitarte también las Navidades, pero alguna estrella de por ahí arriba me ha contado que no crees en ella, pero no te voy a juzgar por ello.

Te escribo para decirte que Insomnio y Arte han crecido, no quiero que te asustes, no les he hecho nada. Pero déjame preguntarte una cosa, ¿nunca te has preguntado por qué Insomnio ni Arte se han agotado?

Yo te diré por qué, porque hay gente como yo que solo pretende hacer feliz a los niños y niñas del mundo, y para eso utilizo mi magia, porque la felicidad es una magia invisible que nos rodea a todos. Así que he decidido que si Insomnio y Arte te traen la felicidad, pues jamás deberían de desaparecer, jamás estarán fuera de tu alcance. Siempre estarán a tu lado.

P. Noel.

Doblo el papel y lo meto dentro del sobre. Vuelvo al escondite donde se encuentran mis amigos y los guardo junto a ellos.

Destapo la cama, me tumbo en ella y me vuelvo a tapar. Con la yema del pulgar rozo suavemente la muñeca de mi otro brazo.

Y entonces, decidí creer en la magia.

Blue Butterfly


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