Pequeñas alegrías

30/12/14

Pequeñas alegrías

♥
El frío corría de calle en calle y se metía por debajo de los bancos, entre las ramas de los árboles, se golpeaba con el palo de las farolas y se empañaba en la ventana de su cuarto cuyo cristal reflejaba sus ojos oxidados. El cielo espolvoreaba azúcar glas y pequeñas montañas se iban expandiendo por las calles hasta abarcar la ciudad entera. Era un horizonte infinito y blanco. Los rayos de sol que se colaban entre copo y copo hacían que fuera un día soleado pero no caluroso, de hecho parecía un día más frío porque resaltaba la blancura de la nieve que había tendida en el suelo. 

Que bonito se ve todo desde una silla. 

Muñecos con bufandas y abrigos de colores alborotaban la tranquilidad propia de aquel paisaje. Se revolcaban por la nieve, corrían, se resbalaban, se tiraban bolas de agua congelada, se reían, algunos lloraban, otros montaban dos montones de nieve y lo decoraban con palos y zanahorias y les pintaban una sonrisa.


Quien se la pudiera pintar a ella y repintársela cada vez que se borrara.

A parta la vista y corre la cortina. Pone las manos sobre el metal y lo hace rodar para desplazarse hacia su mesa. Enciende el flexo y continúa haciendo lo que verdaderamente le hace feliz porque siente que es lo único a lo que le puede sacar provecho. 

Su mesa era su barco, su silla el ancla. Pero hay tantas cosas que podía hacer en el barco, pero lo que más le gustaba era coger el timón y dirigirlo y llegar a lugares que jamás nadie haya visitado. Nada de coches, contaminación, fábricas, calles, ruido, rascacielos. Nada de suicidios, accidentes, alcohol, drogas. Nada de eso. Ella pensaba que ya había vivido demasiado de esa vida, aunque solo contaba con 17 años. Ya había visto demasiado muertos, vivido demasiados accidentes y leído demasiadas cartas de suicidio. Aunque en realidad solo era uno. Uno. Solo lo había vivido una vez. Su barco se desvió, los pasajeros se ahogaron y ella se quedó anclada a ser una naufraga. Por eso ahora ha decidido llevar el timón.

Golpes en su ventana. Pero no eran nudillos y palmas de manos. Se vuelven a repetir. Dos, tres y cuatro veces manos. Se decide por ver qué ocurre, así que empuja la rueda hacia atrás, se gira y hacia adelante y descorre la cortina. 

Eran ellos, los de su taller de arte. Sus compañeros de artístico, los siete de ellos abrigados y sosteniendo una pancarta enorme. Y todos ellos consiguen pintarle una sonrisa, que a diferencia de un muñeco de nieve, ni sol más ardiente conseguiría derretirla. 


"La vida no tiene límites, así que no dejes de soñar. 
Feliz Navidad."

Blue Butterfly

2 comentarios:

  1. Ohhhhhhhhhhhhhhhhhh qué mono!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Me encantaaaa jajaja Qué navideño todo, me encanta demasiado la Navidad jajajaja
    Feliz Navidad!^^
    Pd: yo también quiero que me hagan eso jejeje

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    Respuestas
    1. ¡Gracias! :)

      Jajaja, feliz Navidad. :D

      Blue Butterfly

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